Vino y quesos: la historia de un gran maridaje

La combinación de vino y queso no nació por una regla creada por sommeliers. Surgió de forma natural en las zonas rurales de Europa, donde las familias elaboraban ambos productos con los recursos que tenían a mano.
Durante siglos, en regiones como Burgundy, Bordeaux, La Rioja y Tuscany, los agricultores producían vino de sus viñedos y queso de la leche de sus vacas, ovejas o cabras. Ambos alimentos se consumían juntos en la mesa diaria mucho antes de que existiera el concepto moderno de «maridaje»
¿Por qué funcionan tan bien juntos?
Hay una explicación culinaria y otra científica.
1. El queso suaviza el vino
La grasa y las proteínas del queso recubren la boca y reducen la sensación de astringencia de los taninos presentes en muchos vinos tintos.
Por eso un vino que parece firme o seco cuando se prueba solo puede sentirse mucho más suave al acompañarlo con queso.
2. El vino refresca el paladar
La acidez del vino ayuda a limpiar la sensación grasa o cremosa que dejan muchos quesos, preparando la boca para el siguiente bocado.
Es un equilibrio perfecto: el queso aporta riqueza y el vino aporta frescura.
La regla tradicional: «si crecen juntos, van juntos»
Una de las reglas más antiguas del maridaje dice que los productos de una misma región suelen combinar naturalmente bien.
Por ejemplo:
- Manchego con vinos de La Mancha.
- Brie con vinos de Île-de-France.
- Parmigiano Reggiano con vinos de Emilia-Romagna.
No siempre es obligatorio seguir esta regla, pero suele funcionar sorprendentemente bien.
Maridajes clásicos
Quesos frescos
- Queso de cabra
- Mozzarella
Con:
- Sauvignon Blanc
- Albariño
Quesos cremosos
- Brie
- Camembert
Con:
- Chardonnay
- Espumosos
Quesos semicurados
- Manchego semicurado
- Gouda joven
Con:
- Tempranillo
- Merlot
Quesos curados
- Manchego curado
- Parmigiano Reggiano
Con:
- Cabernet Sauvignon
- Rioja Reserva
Quesos azules
- Roquefort
- Gorgonzola
Con:
- Vinos dulces como un Sauternes o un Porto.
Un consejo para una reunión en casa
Si va a tener invitados, una tabla sencilla puede incluir:
- Un queso fresco
- Un queso cremoso
- Un queso curado
- Frutas frescas (uvas, peras o manzanas)
- Nueces
- Pan artesanal
Y servir tres vinos:
- Albariño
- Chardonnay
- Tempranillo o Merlot
Con esa combinación, la mayoría de los invitados encontrará al menos un maridaje que le encantará.
En una frase
La relación entre vino y queso tiene cientos de años porque ambos se complementan de forma natural: el queso suaviza el vino y el vino refresca el paladar, creando una de las combinaciones gastronómicas más exitosas de la historia.




