Hay lugares a los que uno llega por trabajo, por casualidad o por las circunstancias de la vida. Y hay lugares que, sin pedir permiso, terminan adoptándolo a uno. Así fue Galicia conmigo.
Llegué a principios de 2003 y permanecí allí hasta finales de 2006. Pensaba que sería una etapa más de mi vida, pero pronto descubrí que aquella tierra verde, húmeda y llena de historia me estaba transformando. Sus montes, sus rías, el sonido de la lluvia sobre los tejados de piedra y la hospitalidad de su gente fueron haciendo que me sintiera menos extranjero y más gallego cada día.
Tuve el privilegio de conocer personas extraordinarias que me abrieron las puertas de sus hogares y de sus vidas. Entre ellas, Don Antonio Montero, con quien compartí innumerables tertulias que todavía hoy guardo como uno de los mayores regalos que me ha dado la vida. Don Antonio era el Ministro de Cultura de la Xunta de Galicia y su pasión y conocimiento de todo lo que tenía que ver con Galicia era extenso y profundo.
En torno a una mesa, acompañados siempre por un magnífico vino gallego y, muchas veces, por los inolvidables platos preparados por Doña Esther, su querida esposa, Don Antonio me llevaba de viaje por la historia de Galicia. Me hablaba de los antiguos castros, de los druidas, de los celtas, del Camino de Santiago, de las Rías Baixas, de la emigración, de las tradiciones, de las romerías, de la lengua gallega y del orgullo silencioso de un pueblo que ha sabido conservar su identidad a través de los siglos.
Aquellas conversaciones nunca parecían lecciones; eran relatos llenos de pasión y sabiduría. Yo escuchaba fascinado, haciendo preguntas y descubriendo una cultura que poco a poco también se convertía en parte de la mía.
Siempre recordaré una frase que Don Antonio repetía con una sonrisa llena de complicidad:
—Luis, tú fuiste gallego en otra vida.
Al principio me hacía gracia. Con el tiempo, terminé creyendo que había algo de verdad en aquellas palabras. Porque era imposible sentir tanto apego por una tierra sin que existiera algún vínculo más profundo que la simple casualidad.
Hoy Don Antonio ya no esta con nosotros pero su recuerdo siempre ocupará un lugar en mi corazón. Gracias Maestro por todo lo compartido.



