
La respuesta corta sería: Puerto Rico probablemente no necesita convertirse en una región productora de vino para tener una cultura del vino. Una cultura del vino se construye alrededor de cómo un pueblo descubre, disfruta, comparte, combina y cuenta historias a través del vino.
Y Puerto Rico tiene muchos de esos ingredientes.
¿Qué podría ser una cultura del vino puertorriqueña?
No tendría que copiar a España, Francia, Italia o California. Podría ser algo propio:
Vino + gastronomía puertorriqueña + hospitalidad + música + familia + amistad + celebración.
Nuestro vino podría comenzar en la mesa.
Un lechón asado con un Tempranillo.
Un mofongo con un Albariño.
Un pescado fresco con un Verdejo.
Un arroz con gandules con un Garnacha.
Un buen churrasco con un Cabernet Sauvignon.
Una tarde entre amigos con una botella de Rosé bien fría.
Ahí comienza una cultura.
Y hay algo todavía más interesante
Puerto Rico tiene una relación histórica con España, pero también ha desarrollado una identidad gastronómica completamente propia. Tenemos acceso a vinos de prácticamente todo el mundo y una población que viaja, conoce y experimenta.
Por eso la pregunta no debería ser solamente:
¿Podemos producir vino en Puerto Rico?
La pregunta más interesante es:
¿Podemos hacer del vino parte de nuestra propia cultura gastronómica?
Yo diría que sí.
“El vino no tiene que nacer en Puerto Rico para convertirse en parte de Puerto Rico.”
Porque quizás algún día hablaremos de una verdadera industria vitivinícola puertorriqueña. Pero mientras tanto, la cultura puede comenzar mucho antes que la primera gran cosecha.
Podemos comenzar con una botella abierta alrededor de una mesa.
Con amigos.
Con familia.
Con comida puertorriqueña.
Y con alguien preguntando:
“¿Qué vino le ponemos a esto?”
Ese es precisamente el tipo de conversación que El Vino del Encanto quiere ayudar a comenzar.

